¿Le va bien a tu hijo?

un artículo de Laura beck Millet para Vida en Familia

 

¿Cómo le va a tu hijo?

Es increíble constatar en la Biblia como grandes hombres de Dios fracasaron en la importante tarea de la educación. Mientras que encontramos valiosas lecciones y consejos en la palabra de Dios sobre cómo educar a nuestros hijos, parece ser que hombres como David, Elí, Abraham, Jacob y otros cometieron graves errores en la educación de sus hijos. Y algunos hasta podemos decir que fracasaron estrepitosamente en las labores de su paternidad. ¿Qué deducimos de estos ejemplos? Pues sencillamente que no basta ser un ministro de Dios o estar lleno del Espíritu Santo para que seamos buenos padres. Es más, amar a Dios y servirle NO NOS DA NINGUNA GARANTÍA DE SALIR VICTORIOSOS EN NUESTRA LABOR DE EDUCAR.


¿Qué entonces?

No hay nada más doloroso como padre o como madre que ver que nuestros amados hijos se apartan de los caminos de Dios, o se tornan irrespetuosos y faltos de amor hacia nosotros. Por eso necesitamos poner nuestras prioridades correctamente. Como padre y como madre nuestra primerísima responsabilidad son nuestros hijos; es más, nuestra espiritualidad se medirá en relación a cómo están nuestros hijos. Eso es lo que nos sugiere Pablo cuando dice “… porque el que no sabe gobernar su casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?” (1ª Timoteo3:5)
Estas palabras y muchas otras a lo largo de las Escrituras nos dan una idea de lo importante que es para Dios que nos ocupemos de nuestros hijos. ¿Es fácil la tarea? Por supuesto que no. Por eso reyes, sacerdotes y líderes que tuvieron éxito en muchas áreas, fracasaron en ésta.
Cuando la Sunamita se acercó al profeta Eliseo, éste le preguntó, ¿Le va bien a tu hijo? ¿Cuál sería tu respuesta hoy?


¿Le va bien a tu hijo?

Tal vez tú digas: Sí, le va bien! Tiene ropa de la mejor, va al colegio, tiene aparatos de última tecnología, está conectado por WahtsApp, Facebook, etc; tiene de los últimos videojuegos, no le falta de comer, tiene amigos… pero ¿Le va bien a tu hijo?
Déjame decirte que tu hijo puede tener todo esto y más, puede incluso que seas ministro, ames fervientemente al Señor y trabajes con pasión en su reino, pero ¿Le va bien a tu hijo? Tu hijo puede tenerlo todo y sin embargo estar MUERTO.
 

¿Soy drástica?

Yo creo que no. ¿Dónde están esos niños entregados que alzan sus voces y sus manos al cielo?
¿Dónde están estos jóvenes que anteponen la palabra de Dios a sus deseos y sus pensamientos?
¿Dónde está esa generación que aparca la tecnología para escuchar en primer lugar la voz del Señor?
Con pena he de decir que los busco y encuentro muy pocos con amor, pasión y fervor por el Señor. Cada vez más veo chicos que durante la alabanza juegan con el móvil, que durante la predicación chatean, que prefieren jugar al futbol que buscar al Señor. Obsservo a padres que una y otra vez repiten esa mentira (que de tanto decirla se ha convertido para muchos en una verdad), esa frase tan utilizada de "son niños, no entienden, no saben…"
Pero la verdad es que los niños entienden y saben más que nosotros, poseen una sensibilidad especial para escuchar a Dios y para entender el evangelio, porque "el que no se haga como un niño no puede entrar en el reino de Dios", dijo Jesús.


¿Son los niños el futuro de la iglesia?

Y nosotros seguimos empeñados en decir que ellos, los niños, son el futuro. ¡Los niños no son el futuro de la iglesia! ¿Dónde pone eso en la Biblia? LOS NIÑOS SON LA IGLESIA DE HOY. LOS ADOLESCENTES, LOS JÓVENES, TODOS SOMOS LA IGLESIA. “De la boca de los niños y de los que maman fundaste la fortaleza para hacer callar y huir al enemigo”, (Salmo 8:2). ¿Qué es eso sino guerra espiritual? ¿Qué es eso sino poder y autoridad?
Si Dios ha dado este poder, esta autoridad a los niños ¿Quiénes somos nosotros para despreciarlos? Pero ojo, no por ser niños ya están en conexión con el Señor. Desafía a tu hijo, hazle participar del cristianismo hoy, no lo excluyas y podrás ver otras actitudes.
¿Hasta cuándo esperaremos para enseñarles que el único importante es el Señor y nuestra relación con él?
¿Hasta cuándo esperaremos para enseñarles a no tener ídolos en forma de nuevas tecnologías y a poner al Señor en el primer lugar?


¡Pongámonos en marcha!

Mientras nuestros hijos sigan adormecidos y dándole más importancia a sus hobbys, juguetitos, amigos, sueños y deseos que al Señor, nuestra respuesta a ¿Cómo le va a tu hijo? No podrá ser "Le va bien, gracias"
¡PONGÁMONOS EN MARCHA HOY! Dejemos de ver a los niños, adolescentes y jóvenes como cristianitos de segunda categoría, o sin capacidades ni comprensión. Dios los pone en el primer lugar, dejémos de ponerlos nosotros al final. Pero ojo, necesitan desafíos, necesitan saber que nosotros esperamos que tomen responsabilidad de sus vidas y sus acciones.
Yo quiero poder responder que a mi hijo le va bien y si no es así… entonces no me siento capaz de ministrar a otros, pues mi responsabilidad empieza en mi casa y con los míos.

 

 

 

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