¡Yo! ¿tratar con niños? ¡¡JAMÁS!!

un artículo de Laura Beck para Vida en Familia

 

A veces me pregunto cómo es que estoy dónde estoy, y por qué Dios me ha elegido a mí para un trabajo de tanta influencia. La verdad es que no encuentro otra razón más que Él siempre escoge al menos probable. Y esa, esa, seguro que era yo.

 

Desde muy jovencita tenía claro una cosa: “Yo con niños, o maestra… ¡Jamás!” Aborrecía ver cómo nos burlábamos de los maestros y lo malévolos que podíamos llegar a ser y tenía claro que yo desde luego no quería estar en el pellejo del maestro y tratar con estos pequeños y no tan pequeños energúmenos.

 

Sólo Dios sabe el porqué pero muy en contra de mis pensamientos desde que entregué mi vida a él, empezó a hacer caer en mis manos libros sobre educación que yo leía, aunque siempre con el pensamiento: “pero… si ni tengo hijos ni voy a tratar con niños”. Sin embargo sin saberlo yo, Dios estaba tratando con mi corazón, sanando heridas, abriéndome los ojos a cómo es la verdadera educación y rompiendo esquemas erróneos….

 

Mis primeros pasos fueron con JCUM; con ellos aprendí los rudimentos de la fe, una fe viva y activa: salíamos a las calles a orar, íbamos a barrios marginales a compartir el evangelio, hacíamos teatros al aire libre, la convivencia en familia…. Todo impresionó profundamente mi vida y pasé por un doloroso proceso de sanidad, aceptación de mi familia y del trato que había recibido. Pero Dios no había acabado conmigo: participar en un campamento con 100 niños, adolescentes y jóvenes; ayudar en la preparación de una revista para niños cristianos; pintar un autobús para las evangelizaciones en las calles enfocadas a los niños…  fueron, entre otras cosas, la preparación que nuestro Señor estaba haciendo en mi vida. En mi mente seguía preguntándome, “¿Y todo esto por qué? Si yo no voy a trabajar con niños…”

 

Cuando volví a mi iglesia en España me sorprendí cuando el pastor me preguntó “¿Quieres empezar un trabajo con niños”, “ ¡¡¡NOOO!!!!” Yo lo tenía claro, pero él me pidió que le preguntara al Señor y…claro…lo hice. Para mi sorpresa Él me contesto con un SÍ. “ ¿Señor, yo?” “Sí yo no sé, sí no me gusta, si no quiero…” Pero para qué discutir con Dios…al final ya sabemos…me tocó claudicar; si era su voluntad, pues, me tendría que ayudar.

 

Tenía  22 años y todo lo que sabía es lo que había visto en este campamento de Kingskids, y la verdad, aquello me impresionó: 100 niños orando, alabando, buscando a Dios, escuchando su voz, saliendo a la calle a evangelizar…y con qué fervor, con qué convicción!. Yo tenía claro algo: eso, eso es lo que yo quería hacer; no me quería conformar con menos.  El desafío era grande pero yo estaba dispuesta a alcanzarlo.

 

Así llegó la primera reunión, 4 niños y… creo que les aburrí inmensamente. ¡¡Qué sensación de fracaso!! Pero decidí no rendirme y seguí adelante. En el camino hemos cometido muchos errores, hemos tenido desvíos pero algo está claro el Señor nos ha enseñado y nos ha llevado hacia adelante.

 

Empezamos a trabajar con los niños del barrio y niños de barrios marginales, el Corralón (ya desaparecido), Las Peñuelas, Monte Vacío. Dos veces en semana íbamos a recoger a niños que vivían la cotidianidad de la droga o la mendicidad. Al principio fue muy duro tratar con ellos, venían con una falta de disciplina total y se regían por la ley de la selva. Pero algo les atraía a seguir acudiendo y así semana tras semana estaban esperándonos.

 

Vimos verdaderas conversiones en niños que pasaron de vivir el catolicismo en sus facetas más radicales a vivir conforme a la Palabra de Dios. Contemplamos a niños que, comprendiendo el poder de la oración, eran capaces de orar con convicción y poder. Vivimos  tiempos de alabanza tan sinceros que los adultos que nos visitaban quedaban impresionados. Pudimos ver también a niños que, como fruto de su crecimiento en nuestro grupo, empezaron a asistir a las reuniones de oración de la iglesia, participando en ellas incluso más activamente que los adultos.

 

Empezamos a salir a la calle a evangelizar, cantando canciones sencillas como La  Be-I-Be-Ele-I-A, o Dios es tan bueno… pero lo hacíamos de corazón y los niños sabían lo importante de lo que estaban haciendo; incluso ayunábamos (los pequeños también) una comida el día antes de salir mientras orábamos para que Dios tocara los corazones. Fue una época muy intensa, éramos un grupito pequeño pero llenos de fuego.

 

A la gente les impresionaba una y otra vez ver a niños tan pequeños (5- 15 años) cantando y hablando de Jesús. Sí, hablando, pues eran ellos los que con el micrófono en mano testificaban y hablaban del Señor. Recuerdo a una pequeña niña de 6 años que en la Alameda de Marbella nos puso a todos los vellos de punta, pues fue tan fuerte su convicción y tan  directa su intervención diciendo: “Yo si fuera tú no perdería más mi vida, yo si fuera tú le entregaría ahora mismo mi vida a Jesús.” Lo dijo mirando fijamente al público que nos escuchaba y señalando.

 

Otra experiencia impactante la tuvimos con un vagabundo alcohólico que estaba en el parque de la Constitución cuando fuimos a evangelizar. Cuando llegamos le preguntó a otra niña del grupo, “¿Qué venís a hacer?” La niña le contestó que a cantar y hablar de Jesús… Ese hombre contestó de muy mala manera y la mandó a freír espárragos (aunque no fue eso lo que le dijo, sino algo peor). Pero la niña le dijo que Dios le amaba y lo bendijo… Ese vagabundo se fue enfadado, pero después cautivado por las voces de los niños y su testimonio se convirtió y asistió a la iglesia. Recuerdo que delante de nosotros tiró al contenedor una botella de vino que tenía. Rehízo su vida y hasta el día de hoy sabemos que sigue viviendo en orden.

 

Son muchos los niños, adolescentes y jóvenes que han pasado por nuestras manos. Muchos de ellos son adultos hoy y sin duda hemos sido instrumentos en manos del Señor para influir correctamente. No podemos medir cuánta ha sido esa influencia en sus vidas, pero sí sabemos cuánto han influenciado ellos en las nuestras.

 

Hoy nuestro ministerio ha crecid, hacemos campamentos, musicales evangelísticos en la calle, ya no son 4 ó 5 niños, sino 50, 60, 70…  Ya no nos reunimos en un pisito de Marbella, pues tenemos un lugar de campamentos. Ya no influenciamos sólo a niños de una iglesia o de una ciudad, sino que vienen chicos y chicas de diferentes lugares, iglesias y denominaciones… Sin embargo, lo más importante es ver cómo cada uno de ellos ha tocado nuestras vidas, nos ha enriquecido, nos ha motivado a cambiar, a crecer, a ver que vale la pena; estos niños, adolescentes y jóvenes nos han enseñado con sus actitudes, con sus oraciones, con sus respuestas… nos han motivado a investigar más, y más, y más de la Biblia. Hemos crecido gracias a cada uno de ellos.

 

Sabemos quien fue tocado gracias a la historia misionera, recibiendo allí su llamado para servir al Señor. Sabemos quien fue consciente de que su corazón no estaba limpio, entregando su vida a Cristo, gracias a ese momento de oración que tenemos antes de salir a evangelizar, donde siempre recordamos que nuestro corazón debe que estar limpio.

 

Hay muchas anécdotas, muchas historias, pues cada persona tiene su propia historia y aún hoy nos encontramos por las calles de Marbella con jóvenes y adultos que nos saludan con enorme respeto, aunque a veces su aspecto no es precisamente de buena reputación, pero el recuerdo del trato que les dimos hace que nos tengan en alta estima a pesar de su mala vida. Muchas veces nuestros hijos nos han preguntado “¿Quién es?” Y la respuesta ha sido “Un chico, una chica que asistió a la reunión de niños”. Oramos que la semilla que recibieron germine algún día en sus corazones.

 

Además de las reuniones hemos tenido otras experiencias como el privilegio de enseñar en una Universidad cristiana en Friedensau (Alemania) sobre el trabajo con niños y adolescentes. Hemos asistido a campamentos de familia con una responsabilidad importante. Hemos enseñado sobre métodos de evangelización o sobre educación. Hemos preparado monitores y hecho cursos matrimoniales o de preparación al matrimonio… Dios nos ha adentrado en todo lo que tiene que ver con la familia y las relaciones, y en medio de todo, o mejor dicho mientras tanto, hemos formado una hermosa familia con 7 hijos que ha sido todo un desafío y una alegría. Tal vez no sabíamos mucho pero hoy creo que algo hemos aprendido…

 

Y por todo eso hoy sabemos que tal vez no éramos ni los más idóneos, ni los más doctos pero Dios nos escogió y fuimos obedientes y por eso, sólo por eso Él nos ha guiado en este camino. Sabemos que nos queda mucho por andar pero una cosa está clara, hoy, haciendo la reflexión de cuál ha sido un trocito de nuestra historia,  somos conscientes de que no nos queremos conformar con menos de lo que ya hicimos en el Señor en otros tiempos. No nos queremos conformar con un trabajo mediocre o rutinario, no queremos conformarnos con caer en el tedio de la EXPERIENCIA ACUMULADA. No! Queremos seguir aprendiendo cada día, ser desafiados continuamente hoy, mañana, pasado… y ver tanto fervor y entusiasmo como veíamos entonces.

 

Pero hay una gran diferencia: cuando empezamos éramos dos jóvenes inexpertos y hoy somos una familia y un grupo que trabaja junto con una misma visión. Y este grupo se llama Vida en Familia.

 

 

SABEMOS QUE VALE LA PENA PORQUE EL DIOS TODOPODEROSO ESTÁ GUIANDO NUESTRO CAMINO.

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