León Tolstói

 

Un artículo de José María Glez. García 

 
Esta Navidad, cómo venimos haciendo desde hace algunos años, también hemos preparado un musical que representaremos en diferentes lugares. La obra, que hemos titulado “El abuelito Martín” y que tiene un zapatero como protagonista, es una adaptación de un cuento del escritor ruso León Tolstói (1828-1910), cuyo argumento está a la vez relacionado con unas palabras que dijo Jesús y que recogió Mateo en su evangelio (capítulo 25:31-40), y que él tituló “Dónde está el amor, allí está Dios”.

Esta circunstancia ha hecho que se despertara en mí la curiosidad por indagar un poco   más acerca del autor, y mientras más información he ido acumulando más ha crecido       mi admiración por este personaje.

Para empezar era conde, es decir, le tocó nacer dentro de la clase alta de la sociedad     rusa, cosa que nos hace suponer que le esperaba un futuro desahogado y que, como     otros de su clase, podría vivir de forma ociosa en medio del lujo.

Mientras se recuperaba de una enfermedad en un hospital empezó a escribir, y no se le dio mal, ya que sus libros fueron éxitos de ventas alcanzando fama y dinero,  llegando a convertirse en uno de los más célebres escritores universales.

Sin embargo el éxito no siempre es sinónimo de felicidad. Tolstói entra en una fase de       su vida en la que no le encuentra sentido a su existencia y atraviesa una gran depresión. Esta angustia no será aliviada hasta que lee las palabras de Jesús, especialmente las     que quedaron recogidas en el Sermón del Monte  –evangelio de Mateo, capítulos 5, 6 y 7-  Tolstói descubre que Jesús está promoviendo unas ideas maravillosas que no había propuesto nadie, convierte sus enseñanzas en su regla de vida y obtiene una valiosa recompensa: Paz.

La Biblia  tiene más de 1.000 páginas, de las que este sermón ocupa unas pocas. Vale       la pena leerlo completa y tranquilamente. Creo firmemente que el beneficio que obtuvo   León T. no es un algo aislado, y que cualquiera que lo lee, lo entiende y lo aplica, si tiene   un mínimo de sensibilidad se verá igualmente, en menor o mayor medida, afectado.     Jesús señala qué requisitos tienen las personas felices, la importancia de vivir de     acuerdo a nuestra conciencia, sin hipocresía; de perdonar; de no juzgar; de no afanarse   por el día de mañana… y nos desafía imperativamente: Buscad… Pedid… Entrad…  

¡Recomiendo su lectura!   

 

Este encuentro con la Verdad cambiará drásticamente su vida. No dejará de escribir pero se produce un cambio, ya no escribe para entretener sino para aproximar al lector a la vida que Cristo propone –llegando a rechazar su literatura anterior a este cambio-. Denuncia claramente la hipocresía de los Gobiernos e Iglesias llamadas “cristianas” a los que culpa de que la gente no conozca el autentico mensaje de Cristo.

Algunos de sus libros ya no gustan tanto, y los gobiernos en muchos países los censuran   y prohíben. Uno de ellos “El reino de Dios está en vosotros”, que he leído recientemente y que me ha parecido de un contenido extraordinario, ha tenido que esperar más de 100 años hasta que aparezca íntegramente editado en castellano (La 1ª edición es del 2010) . En nuestro país se les enseña a los alumnos de Bachillerato sobre Tolstói, pero es   llamativo que sólo se hace referencia a lo que escribió en la primera etapa y no se les enseña nada de lo que escribió en la segunda, cuando es el mismo autor el que le da       más valor a lo que escribió en ésta y no al principio. Esto es un detalle, por sí solo, que       es para pensar…, pues parece que los silenciadores tuvieron bastante éxito, aunque no total, ya que es imposible silenciar la voz de alguien que mantuvo una abundante correspondencia con personas de todo el mundo (se conservan más de 10.000 cartas escritas por él); personas a las que influyó con su pensamiento.

La cuestión es que el conde León Tolstói decidió invertir su vida y su patrimonio con los   más humildes. Creó una escuela cuyo material didáctico preparaba y costeaba él, y  enseñaba a los hijos de los campesinos. También trabajó como zapatero. Y tuvo el deseo   de vender su mansión y compartirlo con los más necesitados, deseo que no cumplió al faltarle el apoyo de su familia.

El fruto de su vida, sin lugar a dudas, muestra que fue un seguidor de Jesucristo.

Fue un genio con una lucidez extraordinaria.

 

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