Una fuente de sabiduría

Escrito por José María González García para Vida en Familia

 

Por diferentes motivos, la Biblia todavía es en nuestro país un libro que hay que tener en la estantería de la biblioteca familiar porque hace bonito, pero pocos son los que se han interesado en leerla, enriqueciéndose con la sabiduría que emana de ella. Quiero desempolvar aquellos versículos y pasajes que tienen que ver con la vida familiar añadiendo un pequeño comentario. Es mi deseo que lo que Dios dice les ayude a otros como me ha ayudado mí.  Afortunadamente, después de siglos de estar prohibida su lectura y difusión en nuestro país, hoy contamos con numerosas y buenas traducciones en nuestro idioma.

“No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres”. (Proverbios 22:28  RV60)

Es sencillo, poderoso y a la vez, a pesar de que estas palabras fueron dichas hace unos 3.000 años, desconocido para muchos. Hay padres que no saben que es su obligación levantar linderos alrededor de sus hijos, ponerles límites que no deben traspasar y, por eso, nunca lo hicieron. Así no es raro que un niño insulte, pegue, robe…, que se rebele ante las demandas del profesor en el cole o ante las exigencias, cuando estas llegan, de sus propios padres. Nunca vieron ese lindero que les contuviera y por consiguiente crecieron pensando que todo les era permitido. Craso error. Las palabras y acciones que hieren deben ser corregidas desde el principio, y si esperamos a la adolescencia para empezar lo vamos a lamentar con toda seguridad. Las consecuencias las sufriremos todos, aunque sean los padres, hermanos del menor y sus vecinos los primeros afectados. Y a la larga tiene muchas papeletas para convertirse en un adulto-monstruo, una persona egoísta donde lo primero en la vida es hacer lo que siento en cada momento, sin capacidad para ponerse en el lugar del otro, sin dominio propio, al que la gente evita, carente de relaciones sociales significativas. Los linderos ¡protegen!  

“Instruye al niño en su camino,y aún cuando fuere viejo no se apartará de él”  (Proverbios 22:6  RV60)

En otra versión reza así:

“Dale buena educación al niño de hoy,y el viejo de mañana jamás la abandonará” (Proverbios 22:6 versión DHH)

Pitágoras, el conocido matemático griego,  parece parafrasear  el versículo anterior cuando dice: “Educa a los niños y no será necesario castigar a los hombres”.

Y el conocido psicólogo y escritor Javier Urra, dice que “una adolescencia conflictiva es fruto de una infancia con deficiencias.” (2006)

Así que parece que Salomón, Pitágoras, Javier Urra y yo, los cuatro, estamos de acuerdo en que si ponemos una buena base en la vida del niño, nos vamos a ahorrar muchos problemas algunos años después, ¿no crees que vale la pena poner nuestro esfuerzo en esto?...  Entonces, ¡hagámoslo!

“Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre; porque adorno de gracia serán a tu cabeza y collares a tu cuello”  (Prov.1:8-9  RV60)

En muchos casos nos convertimos en padres porque es algo normal dentro de la vida conyugal el que los hijos vengan y cuando aparecen los introducimos en nuestra vida sin hacer grandes cambios. Al fin y al cabo nuestros padres, a lo mejor, tampoco nos prestaron mucha atención a nosotros mismos y hemos sobrevivido.  O Incluso quizás pensamos que el colegio o el estado son los encargados de educarlos. ¡Despierta! A pesar de que tu jornada laboral sea larga y llegues cansado a casa el papel de educar reposa en primer lugar sobre ti, padre o madre. Ya se que eso de la reconciliación de la vida familiar y laboral es más mito que otra cosa y que posiblemente no tenemos mucho tiempo para la familia, pero a pesar de todo somos los primeros responsables en darles instrucción y dirección a nuestros hijos y esto requiere de eso, de tiempo, de compartir, de hacer cosas juntos, de escucharnos, de jugar juntos, etc.

Como hemos leído, la educación es algo que embellece a la persona, y la inversión hecha en los primeros años ¡le acompañará toda la vida! El valor de lo que les inculcamos es incalculable, les hace ricos y es la mejor herencia que les podemos dejar; no es bisutería barata.

“De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes” (Salmo 25:7a RV60)

Parece ser que David piensa que hay pecados que son propios de la juventud y… tiene sentido. En una etapa de transición a la edad adulta en la que se está aprendiendo a tomar decisiones y se suele tener prisa por “ser mayor” es comprensible que se cometan errores.

Los científicos, actualmente, nos dejan claro que el cerebro a esta edad todavía no se ha terminado de formar, viviéndose por tanto una etapa con un hándicap racional. Quizás por eso los adolescentes suelen medir mal los riesgos de las acciones. Si a esto le añadimos que se produce una revolución hormonal en el cuerpo y se despierta el apetito sexual, comprenderemos un poco mejor que los jóvenes se muevan en un plano mucho más instintivo y menos racional. Se desea “experimentar” para conocer, apareciendo “el sexo y el consumo de alcohol y drogas” como si estuvieran anunciados con luces parpadeantes de neón delante de nuestros ojos… invitándonos a su consumo, corriendo el peligro, si sucumbimos, de que quedemos enredados en ello.

Sí, lo que ocurre dentro y fuera del joven favorece el cometer errores. David fue sincero: los cometió, los confesó y se arrepintió -basta leer el salmo entero para comprobarlo-; y con la ayuda de Dios llegó a convertirse en una referencia

para su generación y las siguientes. No es una etapa de la vida fácil, pero nosotros podemos seguir los pasos de David y, como él, gozar de bienestar.

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