Espiritualidad ¿enriquece cualquier opción?

Un artículo de José Mª González García para Vida en Familia

 

¿Es enriquecedora cualquier opción espiritual que tomemos?

Hay quien piensa que la búsqueda espiritual, sea cual sea la dirección que se tome, enriquece a la persona. Dice el dicho que “todos los caminos conducen a Roma”, y de la misma forma, en lo religioso, se cree que cualquier opción nos acercará a Dios y nos convertirá en mejores personas.

Pero hay un caso en la historia que no podemos pasar por alto. Vemos como Pablo, movido por celo religioso, intentando ser un judío ejemplar se convirtió en un orgulloso perseguidor de cristianos. Violencia y odio fueron el fruto de su religión, tal como él la entendía. Y no fue hasta después de encontrar el Camino en el camino –a Jesús mientras se dirigía a Damasco- que se originaron  grandes cambios en su entendimiento de la espiritualidad. Él estaba dando coces contra el aguijón, se estaba perjudicando a sí mismo.  Pero a partir de ahí se convirtió  en un seguidor de Cristo, transformando su  forma de pensar y de vivir, llegando a ser conocido como el apóstol del amor. ¡Qué cambio! En él vemos dos maneras de vivir la espiritualidad con resultados muy diferentes.

¿En qué punto estás tú?

Hoy quiero exhortarte a que vivas tu espiritualidad como dice la Escritura. Jesús, el Maestro de maestros, dijo: “El que cree en mí tiene vida eterna” (Juan 6:47) Después de dos mil años de la venida de Cristo muchos piensan que pueden creer en él y hacer lo que les da la gana. Pero Jesús utilizó en esta frase la palabra hebrea emunah. Él dijo exactamente que “el que tiene emunah en mí, tiene vida eterna” ; y emunah significa fe obediente. Nosotros separamos el creer en Dios de nuestro estilo de vida, pero aquellos que escuchaban a Jesús jamás podrían hacer esa distinción. Creer en el Mesías y vivir con todo su ser orientado a obedecerle eran una misma cosa.

Pero ¿Qué debemos obedecer?

Jesús nos dejó preciosas y sabias lecciones para la vida recogidas en los cuatro evangelios. No obstante, un buen acercamiento a su enseñanza lo obtendremos si leemos las palabras recogidas por uno de sus discípulos –Mateo-, en los capítulos 5, 6 y 7 de su evangelio. Allí nos relata como Jesús, convirtiendo un monte en aula, se dirigió a una multitud y a sus discípulos. Al terminar, la gente estaba admirada de su enseñanza (Mateo 7:28). Sus palabras impresionaron sus mentes, nunca habían oído hablar a alguien de forma semejante.

En otro momento Jesús dijo “el que tiene fe obediente (emunah) en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 6:47)  

Las Escrituras, la palabra de Dios, es la base que debe condicionar y regular mi espiritualidad. Si la convierto en un filtro de tal manera que acepte yo lo que coincida con ella y deseche todo lo demás, me estaré haciendo un favor a mí mismo, protegiendo mi mente de fábulas y cuentos de hombres, y habrá un efecto en mi interior; ¿Hay algo más valioso que sentirse satisfecho, libre de temores y ansiedad, con las emociones en orden, con paz?

Levántate y síguele

Mateo era un cobrador de impuestos de mala reputación. Mientras cumplía con su trabajo rutinario sentado en el banco de los tributos públicos en un día como cualquier otro, vio acercarse a un hombre. Supongo que pensaría que, como la mayoría de los que se le acercaban, iba a pagar sus impuestos, pero este hombre no puso dinero sobre la mesa; en vez de eso le dijo una sola palabra: “Sígueme”. No podemos reconstruir la escena o la atmósfera del momento, pero una cosa está clara: Jesús sorprendió a Mateo eligiéndolo y éste reaccionó con una fe obediente, ya que nos cuenta él mismo que “se levantó y le siguió” (Mateo 9:9). Su vida cambió al lado del Maestro. Y gracias a aquella decisión pudo contar lo que le escuchó decir, lo que le vio hacer y lo que otros le hicieron -durante algo más de tres años-, poniéndolo mas tarde por escrito para que personas como nosotros, también fuésemos enriquecidos. ¿No es maravilloso?

Quiero recordar que Jesús murió y resucitó. Mateo, en un sentido, somos todos y hoy el Maestro sigue diciéndonos a cada uno de nosotros: “Sígueme”. Podemos quedarnos sentados, inmovilizados por las rutinas que llenan nuestras agendas o reaccionar como Mateo, con una fe obediente. ¿Qué haremos? Yo ya me contesté esta pregunta hace algunos años, y al igual que él “me levanté y le seguí”. He entendido que la vida, con todas las dificultades que nos encontremos en el camino –y yo no me he encontrado pocas-, vale la pena vivirla. Con Cristo la vida tiene sentido, es diferente pero no aburrida.

¡Síguele tú también! Es la única decisión que, con seguridad,  tiene implicaciones eternas.

 

 

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