Las graves consecuencias de preferir un hijo sobre otro

 

La inclinación preferencial por uno de los hijos no es un fenómeno nuevo. Es tan antigua como el fuego. Precisamente en el libro del Génesis encontramos un caso que ilustra esta situación y que nos llevará a pensar en las consecuencias que desencadena esta actitud: "Esaú llegó a ser un buen cazador, y le encantaba estar en el campo. Por eso Isaac lo quería más. Jacob, en cambio, era muy tranquilo y prefería quedarse en casa, por eso Rebeca lo quería más que a Esaú"(Génesis 25: 27, 28. Traducción en Lenguaje Actual)

Los pequeños perciben los favoritismos y se va anidando en sus corazoncitos un comportamiento de rechazo y a la vez, el deseo de llamar la atención. Esa es la razón por la que apreciamos niños con comportamientos sin aparente explicación, demasiado inquietos y hasta destructivos. Es su forma de decirle a uno de sus progenitores: "Miren, aquí estoy. Yo también soy importante".

Se propician al interior de las relaciones entre hermanos, rivalidad, agresividad, retraimiento en quien se siente marginado, disminución en el rendimiento de su escolaridad, y coinciden los especialistas en que es probable que se encierre en una enorme burbuja de mutismo e individualismo, como mecanismo para sentirse protegidos frente al rechazo.

La Biblia relata que Esaú desarrollo resentimiento hacia su hermano: "Esaú odiaba a Jacob por haberle quitado la bendición de su padre, y tenía planes de matarle tan pronto como su padre muriera."(Génesis 27:41), como consecuencia del favoritismo que se estaba dando en el hogar.

 

Un amor equilibrado

La inclinación hacia uno de nuestros hijos se genera a raíz de la identificación que podemos tener con los pensamientos y acciones de alguno en particular. Puede que se trate de un chico meloso, y eso nos agrada. O nos retrotraemos a la infancia y pensamos que así éramos nosotros, lo que alimenta el favoritismo. ¡Tremendo error! El amor que les prodigamos debe ser equilibrado.

 

 

Extracto del artículo de Fernando Alexis Jiménez publicado en Familia Cristiana

www.recursosevangelicos.com/





Ataques a la familia

¿Qué cosas atacan a la familia en nuestros días?

 

1) Los movimientos feminista (en algunos aspectos) no son una buena influencia sobre la familia. Nuestra cultura es muy machista y eso la ha deformado bastante, pero la oferta de ciertos movimientos implica desconocer muchas cosas que son fundamentales para el retorno de la familia a sus bases cristianas. Ejemplo significativo de ésto es su postura en pro del aborto.


2) Otra influencia con la cual debe contender la familia es la de los medios de comunicación masiva. La televisión presenta mayormente una imagen mala de la familia. Casi todos los programas van dirigidos al soltero; hay pocos programas para familias. Otros muestran demasiada violencia o simplemente son anticristianos en los valores que preconizan y premian.


3) Es probable que se critique el incluir en esta lista la tercera influencia negativa sobre la familia, pero pienso que el exceso de actividades de la iglesia a veces demanda tanto de los padres que estos no tienen tiempo para dedicarle a sus hijos. Las iglesias deben animar a las familias a reunirse por la noche para un momento devocional y para hacer algo como grupo. Pero muchas programan tantas actividades para sus miembros que estos rara vez tienen oportunidad de estar juntos en casa.

Los padres que no pasan tiempo con sus hijos se privan de una relación muy especial. No obstante, hay quienes piensan que es más espiritual pasar cada momento libre en una actividad de la iglesia que quedarse en casa tranquilo para jugar con sus hijos. Resulta imposible desarrollar relaciones familiares fuertes si parte de la familia está siempre en el templo por una razón u otra.


4) Hay otras influencias negativas sobre nuestros hijos, como los malos compañeros de escuela, las familias de los otros niños, los vecinos que no se comportan responsablemente, el comportamiento social que ellos perciben en las noticieros, conversaciones de adultos y por el sólo caminar por las calles de nuevas ciudades.


 

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